
Cuando conocimos que los asiáticos organizarían los Juegos Olímpicos en 2008, los ingenuos amantes del deporte, entre los que yo me incluyo, pensamos en el acontecimiento como una oportunidad única que convertiría a China en un foco de atención mundial que apuntaría a todas las mejores necesarias a realizar en el país. Y en efecto, la rutinaria avalancha de buenas declaraciones y promesas no se hizo esperar. Las autoridades del país anfitrión y el Comité Olímpico prometieron apostar por estos Juegos como una buena oportunidad para desarrollar el respeto por los derechos humanos en China, así como, fomentar la libertad de expresión. Pero sus promesas, como suele ocurrir, no tenían al parecer ningún poder vinculante.
La triste realidad es que en China se cometen diariamente graves abusos contra los derechos humanos fundamentales, por lo que el beneficio de la duda queda permitido ante cualquier afirmación procedente de un país en el que enviar un simple e-mail te puede llevar a la cárcel durante 10 años. Cada país tiene una perspectiva diferente respecto a estos asuntos, a causa de factores históricos, sociales, políticos y económicos distintos. Y en el caso de China, el factor económico está siendo especialmente determinante para que se auto-imponga una necesidad de mejora en el trato a las personas que viven y visitan el gigante asiático.
El rápido crecimiento económico de China no se entiende sin tener en cuenta su historia más reciente. El país entró al Siglo XX en una situación de profunda humillación y al borde de la destrucción, entre el rugido de los cañones de las Ocho Potencias que invadieron Beijing en el año 1900. En un período de 100 años, China se vio obligada a encarar centenares de guerras de agresión grandes y pequeñas, defenderse de abrumadoras vejaciones lanzadas por las potencias occidentales, firmó más de 1.000 tratados internacionales y como consecuencia, sus riquezas fueron sustraídas del país. Fue el pueblo chino el que sufrió enormemente por la guerra, y se vio forzado a vivir en una situación de extrema pobreza y atraso, donde los derechos humanos no eran más que un espejismo.
Dicen los especialistas en la materia que China está realizando un gran esfuerzo al respecto, por lo que actualmente está atravesando su mejor etapa en cuanto a protección y promoción de los derechos humanos de su población. También se han alcanzado notables progresos en la construcción de la democracia y del sistema legal y el país se ha incorporado a 17 convenciones internacionales sobre derechos humanos. Sus autoridades insisten en que el hecho de que China haya firmado la Convención Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos en los dos últimos años, demuestra su determinación por promover los derechos humanos.











