martes 22 de abril de 2008

¿A qué juega China? I



A estas alturas del guión resulta inédito que alguien no se haya percatado de que a China, todo esto de las Olimpiadas y el juego limpio le queda grande. La reciente corriente de protestas que viene rodeando a la antorcha desde el mismo momento de su encendido en Olimpia (donde dos activistas intentaron boicotear el acto) no es más que una consecuencia de la tensión que se está viviendo entre China y la comunidad internacional, o al menos, parte de ella.


Cuando conocimos que los asiáticos organizarían los Juegos Olímpicos en 2008, los ingenuos amantes del deporte, entre los que yo me incluyo, pensamos en el acontecimiento como una oportunidad única que convertiría a China en un foco de atención mundial que apuntaría a todas las mejores necesarias a realizar en el país. Y en efecto, la rutinaria avalancha de buenas declaraciones y promesas no se hizo esperar. Las autoridades del país anfitrión y el Comité Olímpico prometieron apostar por estos Juegos como una buena oportunidad para desarrollar el respeto por los derechos humanos en China, así como, fomentar la libertad de expresión. Pero sus promesas, como suele ocurrir, no tenían al parecer ningún poder vinculante.


La triste realidad es que en China se cometen diariamente graves abusos contra los derechos humanos fundamentales, por lo que el beneficio de la duda queda permitido ante cualquier afirmación procedente de un país en el que enviar un simple e-mail te puede llevar a la cárcel durante 10 años. Cada país tiene una perspectiva diferente respecto a estos asuntos, a causa de factores históricos, sociales, políticos y económicos distintos. Y en el caso de China, el factor económico está siendo especialmente determinante para que se auto-imponga una necesidad de mejora en el trato a las personas que viven y visitan el gigante asiático.


El rápido crecimiento económico de China no se entiende sin tener en cuenta su historia más reciente. El país entró al Siglo XX en una situación de profunda humillación y al borde de la destrucción, entre el rugido de los cañones de las Ocho Potencias que invadieron Beijing en el año 1900. En un período de 100 años, China se vio obligada a encarar centenares de guerras de agresión grandes y pequeñas, defenderse de abrumadoras vejaciones lanzadas por las potencias occidentales, firmó más de 1.000 tratados internacionales y como consecuencia, sus riquezas fueron sustraídas del país. Fue el pueblo chino el que sufrió enormemente por la guerra, y se vio forzado a vivir en una situación de extrema pobreza y atraso, donde los derechos humanos no eran más que un espejismo.


Dicen los especialistas en la materia que China está realizando un gran esfuerzo al respecto, por lo que actualmente está atravesando su mejor etapa en cuanto a protección y promoción de los derechos humanos de su población. También se han alcanzado notables progresos en la construcción de la democracia y del sistema legal y el país se ha incorporado a 17 convenciones internacionales sobre derechos humanos. Sus autoridades insisten en que el hecho de que China haya firmado la Convención Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos en los dos últimos años, demuestra su determinación por promover los derechos humanos.
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¿A qué juega China? II



Sea como fuere, no es de extrañar que cualquier mínima mejora sea aplaudida en medio de un festival de auto bombo por el gobierno chino, que desde la fundación de la República Popular China en 1949, ha creído que mejorar la vida de sus ciudadanos era proporcionales alimentos y ropa. No cabe duda de que se han conseguido éxitos sustanciales en los últimos años, pero aún son necesarios más esfuerzos para superar los obstáculos que dificultan el desarrollo de esta gran causa.


La ONG “Amnistía Internacional” ha realizado una larga lista de deberes para China ante la llegada de los Juegos, que incluye aspectos tan relevantes como la libertad de expresión, pues la detención sistemática de activistas y periodistas -en muchos casos torturados y maltratados- ha puesto de relieve los abusos contra los derechos que se están perpetrando en el país. Además, China no está cumpliendo su promesa de eliminar por completo las restricciones a periodistas extranjeros.


Otro de los puntos negros es la pena de muerte, ya que en China, sigue siendo de aplicación para aproximadamente 68 delitos, algunos de ellos no violentos. Aunque no se proporcionan los datos oficiales, se sabe que en China se ejecuta a casi 10.000 personas al año, lo que significa más personas cada año que todos los demás países del mundo juntos.


Y no podemos olvidar una de las prácticas endémicas en el país, la tortura, que para eso dieron nombre a una de sus modalidades. Es muy alta la probabilidad de que una persona que pase por el sistema de justicia penal sea torturada en alguna etapa de este tránsito. Y si a esto unimos la persecución de abogados, las campañas represivas contra el periodismo nacional y la censura sobre Internet, obtenemos el perfil de la China que increíblemente va a organizar el único evento deportivo capaz de unir a todas las naciones.
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¿A qué juega China? III



Pero, pese a las fuertes protestas y a que China vulnera uno de los principios fundamentales de la Carta Olímpica (“favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”), el COI ha descartado recortar el recorrido de la antorcha olímpica, decisión que ha sido bien acogida por el Gobierno chino, quien teme que una modificación del trayecto pueda ser percibida como una muestra de debilidad y animar a los potenciales manifestantes a acometer nuevas acciones. Y lo último que desea China es mostrarse débil, precisamente ahora.


Y luego están aquellos a los que lo que hace China les ha traído sin cuidado durante años, pero que con el buen tiempo y el anonimato que les proporciona la multitud, salen a la calle a recibir a la antorcha con el grito de “Tibet Libre”. Viendo las imágenes de San Francisco me preguntaba dónde han estado todos estos años y si alguno de los que gritaba aquello sabía situar esa región en el mapa. Sin olvidar la presencia del rejuvenecido Richard Gere, como enseña de ese Estados Unidos autoproclamado guardián de los derechos humanos del mundo y que ha propagado durante mucho tiempo sus valores como una de sus principales misiones internacionales.


Desde el punto de vista del ambiente externo, China no debería ser optimista, sino esforzarse en actuar inteligentemente ante el resto del mundo para absorber lo mejor de otros en el campo de los derechos humanos y crear así un modelo de desarrollo propicio para sus propias condiciones.


¿Y qué tiene que decir la ONU? ¿Y los gobiernos internacionales y su irresponsable y lamentable comportamiento? ¿Y las empresas patrocinadoras de los Juegos? ¿Alguna vez serán todos ellos capaces de romper su silencio y exponer su preocupación respecto a la situación de los derechos humanos en China?


El respeto por los principios éticos fundamentales universales no es negociable ni debe serlo nunca. Pero, para que se goce plenamente de los derechos humanos, es necesario que estos otros jugadores también intervengan y que demuestren que les importa la lucha por la paz, el desarrollo y los derechos humanos en el mundo. Y quizá así algún día sepamos a qué juega China.

miércoles 9 de abril de 2008

La llama olímpica inicia su odisea americana I





Miles de personas esperaban impacientes la llegada de la antorcha olímpica a San Francisco, única ciudad de EE.UU. que podrá verla desfilar por sus calles. La expectación era máxima y desde varias horas antes, en los alrededores del trayecto previsto, ya se congregaban gentes de todo tipo. Uno podía ver a tres personas encaramadas al Golden Gate, colgando carteles a favor de la libertad en Tíbet, y a apenas unos metros de ellos, un grupo de manifestantes partidarios del régimen de Pekín enarbolando a su vez banderas chinas.

Con este panorama, no parece exagerado el gran despliegue que la policía local había organizado augurando lo que se les podía venir encima. Aún era cercano el recuerdo de los sucesos ocurridos durante el paso de la antorcha por Londres, donde 30 personas fueron detenidas; y París, donde la antorcha tuvo que ser momentáneamente apagada en dos ocasiones, por primera vez en la historia, a causa de la efusividad de los protestantes.

San Francisco no quiso ser una excepción entre la reciente corriente de protestas que viene rodeando a la antorcha olímpica desde el mismo momento de su encendido en Olimpia, donde dos activistas intentaron boicotear el acto. En las últimas semanas, la tensión entre las comunidades china y tibetana en la ciudad se había hecho tan notoria que incluso este último grupo había solicitado la cancelación del evento.

Esta vez, se había corrido la voz y convocado una protesta multitudinaria contra la política china hacia el Tíbet, pues qué mejor que hacerlo coincidiendo con el paso de la antorcha olímpica por la ciudad californiana. Ya el pasado martes, la comunidad tibetana había organizado un acto de protesta frente al ayuntamiento de la ciudad, que contó con la presencia del mediático Richard Gere, budista confeso, y el premio Nobel de la Paz Desmond Tutu. Junto a ellos, manifestantes del grupo "Estudiantes por un Tíbet libre" escalaron varias docenas de metros en la torre sur del puente y desplegaron dos banderas con el texto "Libertad para Tíbet" y "Un mundo, un sueño. Libertad para el Tíbet".




(continúa)

La llama olímpica inicia su odisea americana II



Aunque el recorrido de la antorcha comenzó como se esperaba, el desconcierto llegó cuando la primera relevista entró en un edificio del muelle y permaneció allí durante varios minutos. Poco después, un convoy compuesto por varios autobuses y coches de policía salía del edificio con la llama en su poder y circulaba por las calles de la ciudad por un recorrido totalmente diferente al previsto. Para sorpresa de todos los presentes, Gavin Newsom, alcalde de la ciudad, había optado por reducir el recorrido previsto ante la magnitud de las protestas.

Cuando las fuerzas de seguridad comprobaron que la calle estaba completamente libre de manifestantes, el convoy paró en la avenida Van Ness y dos relevistas bajaron de uno de los autobuses con la antorcha, con lo que comenzó realmente la carrera, eso sí, escoltados por agentes con cascos y arneses a pie, en bicicleta y en moto. Mientras, miles de personas, entre ellos centenares de manifestantes contra la política de China en Tíbet y Darfur (Sudán), esperaban inútilmente ver la antorcha a lo largo de la ruta inicialmente prevista. Finalmente, el único incidente tuvo lugar cuando varios manifestante pro-Tíbet, que se tumbaron en la calzada bloqueando el paso de un autobús, fueron detenidos por la policía.

Pese a las fuertes protestas, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha descartado recortar el recorrido internacional de la antorcha olímpica, decisión que ha sido bien acogida por el Gobierno chino, quien teme que una modificación del trayecto pueda ser percibida como una muestra de debilidad y animar a los potenciales manifestantes a acometer nuevas acciones.

La llama de la antorcha de los XXIX Juegos Olímpicos cubrirá 137.000 kilómetros a través de 20 países hasta su llegada final a Pekín para abrir la ceremonia de los Juegos el 8 de agosto. Pero, antes se tiene previsto que la llama sea transportada hasta la cima del Monte Everest, en el Tíbet, lo que ya ha originado polémica. Al igual que su paso por la capital de Taiwán, especialmente planeado para que coincida con el inicio del recorrido por tierras chinas, dejando claro el Gobierno chino que no acepta un Taiwán independiente.


Sea como fuere, el recorrido de la antorcha, conocido como el “Viaje de la armonía” está siendo más contradictorio a su propia denominación que en cualquier otra época. Su lema “Enciende la pasión y comparte el sueño” ha encendido la de aquellos soñadores que no conciben unos Juegos en un país al que tal vez le queden grandes los cinco anillos olímpicos.