martes 17 de junio de 2008

Jorge, o la soledad del último del linaje II




Las Islas Galápagos fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1976 y añadidas a su lista de lugares en peligro en junio de 2006, habida cuenta de que la amenaza al frágil ecosistema del Archipiélago no implica sólo a Ecuador, sino al mundo entero. Este tesoro del planeta, considerado el único laboratorio biológico existente, se enfrenta a la ruptura de su equilibrio natural, fruto del turismo masivo, la introducción de agresivas especies foráneas o los continuos cambios climáticos. Junto a Jorge, otras especies nativas como los pinzones del manglar, las tortugas de mar, las ballenas jorobadas, las iguanas, los pepinos de mar, los albatros o las garzas, esperan ser rescatadas de esta alarmante situación, en la que asistimos a la extinción de diversas especies debido a la explotación irracional que de ellas se hace.


El impacto que ha venido devastando las islas ha dado la voz de alarma a las autoridades, quienes han puesto especial énfasis en orientar y educar a la población a fin de cuidar la riqueza biogeográfica de la zona, así como corregir la ignorancia del hombre frente a los ecosistemas y su equilibrio. Las especies que habitan las Galápagos forman parte de la biodiversidad del planeta, que constituye un patrimonio de la humanidad y que requiere ser tratado como una de las más grandes riquezas. De ahí que sea necesario el estudio de la ecología, que instruye sobre un mejor manejo y conservación de los recursos naturales.


Siguiendo la estela de los nobles propósitos de aquel joven naturalista inglés, y presumiblemente con el mismo amor a la naturaleza que él mostró, se creó, en 1959, la Fundación Charles Darwin, la primera institución internacional de investigación y asesoramiento dedicada exclusivamente a Galápagos. Tal vez, el caso de Jorge ya esté perdido y es muy probable que el “antediluviano animal”, como lo designó Darwin, se lleve con él los últimos genes de su especie, pero la batalla no se debe dar aún por perdida. Científicos de todo el mundo esperan a que las políticas sobre la zona sean, al fin, efectivas y que estas definan los límites que pueden tolerar los ecosistemas marinos para proteger el delicado equilibrio de la vida animal y vegetal en el Archipiélago. Quién sabe si alguno de los animales que habitan en él caminó un día junto a Darwin, en aquellos años remotos en que las Islas Galápagos todavía permanecían ajenas al afán destructivo del hombre moderno.


Jorge es un símbolo de la nostalgia por los tiempos pasados, pero también de esperanza para el futuro, además de representar un maravilloso reto para la comunidad científica, que trabaja contrarreloj en técnicas que permitan conservar material genético del animal para una posible clonación. Pero, ante todo, Jorge es un claro ejemplo de la crueldad con la que el hombre, ignorante de su entorno, es culpable de la perpetua desaparición de especies animales.
Ya es tarde para Solitario Jorge, demasiado tarde. El resto de su vida discurrirá en cautiverio, rodeado de quienes esperan el día en que ocurra lo inevitable. El día en que aquel magnífico animal, aquel símbolo de rareza apasionante deje de respirar, y con él la Tierra pierda un trocito más de vida.


Amanece en la reserva y Jorge estira su infinito cuello mordisqueando el alimento que le acerca su cuidador. Después, se queda ensimismado observando a la gente que ha acudido a contemplarle. Si les pudiera hablar, quién sabe lo que les diría, pero el de Jorge está condenado a ser un grito en silencio, una protesta muda en medio de una soledad que no ha sido opción para el animal más raro del planeta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué bonito! Me ha emocionado el relato.

Anónimo dijo...

qué bonito artículo. Mi más sincera enhorabuena, no sabemos lo que estamos haciendo con el medio ambiente. Saludos. Javi Morón.

Anónimo dijo...

Qué historia más bonita!!! Me ha emocionado.