
Cuando las fuerzas de seguridad comprobaron que la calle estaba completamente libre de manifestantes, el convoy paró en la avenida Van Ness y dos relevistas bajaron de uno de los autobuses con la antorcha, con lo que comenzó realmente la carrera, eso sí, escoltados por agentes con cascos y arneses a pie, en bicicleta y en moto. Mientras, miles de personas, entre ellos centenares de manifestantes contra la política de China en Tíbet y Darfur (Sudán), esperaban inútilmente ver la antorcha a lo largo de la ruta inicialmente prevista. Finalmente, el único incidente tuvo lugar cuando varios manifestante pro-Tíbet, que se tumbaron en la calzada bloqueando el paso de un autobús, fueron detenidos por la policía.
Pese a las fuertes protestas, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha descartado recortar el recorrido internacional de la antorcha olímpica, decisión que ha sido bien acogida por el Gobierno chino, quien teme que una modificación del trayecto pueda ser percibida como una muestra de debilidad y animar a los potenciales manifestantes a acometer nuevas acciones.
La llama de la antorcha de los XXIX Juegos Olímpicos cubrirá 137.000 kilómetros a través de 20 países hasta su llegada final a Pekín para abrir la ceremonia de los Juegos el 8 de agosto. Pero, antes se tiene previsto que la llama sea transportada hasta la cima del Monte Everest, en el Tíbet, lo que ya ha originado polémica. Al igual que su paso por la capital de Taiwán, especialmente planeado para que coincida con el inicio del recorrido por tierras chinas, dejando claro el Gobierno chino que no acepta un Taiwán independiente.
Sea como fuere, el recorrido de la antorcha, conocido como el “Viaje de la armonía” está siendo más contradictorio a su propia denominación que en cualquier otra época. Su lema “Enciende la pasión y comparte el sueño” ha encendido la de aquellos soñadores que no conciben unos Juegos en un país al que tal vez le queden grandes los cinco anillos olímpicos.








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