“El mejor medio de hacer bien al tercer mundo
No es darle limosna
Sino hacer que pueda vivir sin ella” – Benjamín Franklin
La aparición de las nuevas tecnologías digitales ha provocado un cambio significativo en diversos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Hoy por hoy, en los países económicamente desarrollados, estas tecnologías van integrándose en el entorno social y vital, aunque este plan de integración a menudo se produce con poco orden y acierto.
Desde que Internet naciera allá por el año 1962, se convirtió en el abanderado de una nueva generación, donde la libre circulación de información entre los usuarios de la red, en la mayoría de los casos sin restricciones en cuanto a acceso o seguridad, era uno de sus mayores pilares. Nadie duda que las nuevas tecnologías son elementales para potenciar el desarrollo económico e implantar una sociedad más abierta y democrática, una sociedad en la que la información esté al alcance de todos los ciudadanos. Las nuevas tecnologías nos ofrecen conocer información que antes era impensable, transgredir fronteras, buscar, almacenar, interactuar..., convirtiéndose en imprescindibles para el desarrollo de cualquier sociedad moderna.
Pero, la denominada “era digital” ha provocado que se disparen las señales de alerta ante las nuevas amenazas que dichas tecnologías representan. Los usuarios a menudo se encuentran en una situación de indefensión en la Red y se convierten en un conjunto de información que puede llegar a ser muy preciada, tanto para el Estado, para el poder, como para los agentes económicos. A ello se une que, en la actualidad, el factor de riesgo para los datos personales se ha multiplicado exponencialmente en virtud de las avanzadas redes y servicios de comunicaciones electrónicas, y en especial de la “red de redes”, lo que ha dado lugar a que se emprenda una cruzada a favor de la privacidad en Internet.
Otro de los grandes debates en torno a este medio lo protagoniza la denominada brecha digital, una cuestión pendiente, difícil de analizar y más aún de abordar en la práctica. La brecha digital se percibe como el resultado de la convergencia de diversas causas de desigualdad socioeconómica, siendo su lado más visible la antes llamada brecha tecnológica o la incapacidad de acceder a las nuevas tecnologías en la sociedad digital, lo que ha generado estados de exclusión.
Queda claro que la transformación hacia el nuevo medio digital debe pasar por los gobiernos, las empresas y las instituciones educativas. Muy a menudo se relacionan los términos “brecha digital” y “pobreza” pero no necesariamente significa que un país que no puede insertarse en el mundo global con la aproximación a las comunicaciones sea necesariamente pobre.








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