
Es por ello que la comunicación política presenta nuevas realidades, cada una indispensable para conocer nuestro mundo actual. Los ciudadanos cada vez más valoran la política desde el punto de vista de “son simpáticos” o “ se crispan” y no están motivados por sus proyectos, lo que lleva a que se le dé demasiada importancia al envoltorio. Ya no hay debates, sino talk shows y una única frase puede ser decisiva.
Todos somos visibles para todos. No existe al aquí y ahora local, todo se puede ver en el mismo espacio y momento, en tiempo real. Pero, no es una comunicación pura, sino que estas nuevas formas de comunicación establecen relaciones entre visibilidad y poder. Para la mayoría de individuos, hay temas invisibles de los que nunca llegamos a saber. Ahora los políticos se pueden dirigir a la gente más allá de las barreras de tiempo y espacio, de manera que los individuos conocen la acción del político y lo comparten con sus allegados. No se les presenta sólo como políticos, sino también como seres humanos y aunque en este proceso se pierden detalles, se gana en comunicación directa.
Pero, esta situación también puede resultar peligrosa, pues los políticos están ahora más expuestos al público que nunca. Ellos no pueden controlar el 100% de su exposición mediática, pero sí moderarla para evitar los escándalos. Estos son un fenómeno extraordinario que se convierte en el foco de atención, incluso a nivel mundial. Son distracciones “sin importancia” de los temas realmente importantes, que no interesan intelectualmente, pero a los que la comunicación mediática y la visibilidad les proporcionan el terreno ideal para desarrollarse. ¿Qué Nicolas Sarkozy se ha dedicado en los últimos meses a pasearse con su flamante nueva novia por medio mundo? Pues ahí están los medios de comunicación para tenernos informados al dedillo de las idas y venidas de la pareja ¿Qué Hilary Clinton llora para conseguir votos? Pues al minuto se nos recuerda la historia de infidelidad que la convirtió en la esposa engañada de América.
Pero, los escándalos no son propios de ahora ni han surgido en los últimos años, sino que tienen una larga historia. Cuanto más se observa su trayectoria, más se puede ver cómo la comunicación mediática influye y refleja los escándalos, por eso, son eventos mediáticos. Son actividades que se hacen de dominio público. El siglo XIX los vio nacer, pero es en el siglo XX cuando se instalaron definitivamente.








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