
Cuando Matt Groening se trasladó de su Oregon natal a Los Ángeles con la intención de convertirse en escritor, no imaginaba que su futuro profesional estaría más ligado a los dibujos que a los libros. Aunque sus primeras alegrías se las dio el comic “Life in hell”, sería la familia amarilla la que le llevaría el éxito definitivo al ahora multimillonario creador. Fue en 1985, cuando “Life in hell” llamó la atención de James L. Brooks de Gracie Films, pero ante la negativa de Matt Groening a cederle los derechos de sus más preciados dibujos (lo siguen siendo hoy en día), le pidió que desarrollara una idea para un futuro proyecto de dibujos animados que se emitirían dentro del Show de Ullman. Así nacieron Los Simpson.
Seguramente, ni el propio Groening llegó nunca a creer realmente que unos personajes a los que dibujó en tan sólo 15 minutos, le pudiesen dar demasiadas satisfacciones o que su nombre aparecería en cada uno de los miles de productos oficiales que cada año se venden sobre la serie. Pero, no cabe culparle de incrédulo, pues la probabilidad de que una serie tan irreverente lograra tener éxito en la tan cínica, pero aparentemente ingenua sociedad americana, era prácticamente nula.
Lo cierto es que con su característica sátira sobre una típica familia americana de clase media, y los continuos ataques y críticas a la política y poderes fácticos Los Simpson han traspasado los prejuicios y atraen tanto a adultos como a niños en todo el mundo. Claro que los lobbies más conservadores de EE.UU. siguen echándose las manos a la cabeza cada vez que la familia Simpson aparece en televisión.








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